jueves, 19 de enero de 2017

ARSÉNICO | Monica Gameros | Libro Online







ARSÉNICO


I

 Sentir asco por tu cuerpo
-al que deseaba tanto-
 deprime.


II

Una vez te di mi corazón. Escuché tus sueños.
Loca de amor, creí todo.

-       --No sabía que la desconfianza es un cinturón de seguridad
contra el descalabro del vacío -

Me enseñaste que las palabras son hojas secas.


III

Cualquiera diría que lo merezco.
No importa lo que diga el mundo entero.
Te dije que te creía por qué así lo había decidido.
Y es verdad.

No cederé al terror de no creer en el amor.
Sólo eres una piedrita en el río.

Impulsada por el viento que sopla, sigo mi viaje,
sólo me dejo arrastrar, para ser agua en movimiento.

No cederé a la desconfianza como principio,
para sobrevivir a la desgracia de la mentira.

No sé por qué tendría que ir por ahí, desconfiando de todos:
paranoica, temerosa, descreída.

Quiero creer en el mundo entero, tanto 
como creí en ti.
Quiero saber que la verdad es relativa,
pero es.






TODAVÍA

Todavía recuerdo el día en que celoso me tumbaste sobre la yerba,
jalaste mi cabello, apretaste mi garganta. 
Eras tormenta, furia y lo único que se te ocurrió fue penetrarme 
y declararme tierra colonizada.

Todavía recuerdo ese día… Me levanté en silencio,
me quité la yerba de encima. Te di la espalda y caminé sin llorar.





NECEDAD

I

Sutil, como el veneno de una ortiga, tu amor se transformó.
Al principio creí que eras como yo, en realidad
eras distancia, desierto.

Fingí que -una tras otra- tus falaces disculpas me convencían.
Pretendí serenidad, esperé que aprendieras a vivir conmigo, 
que me vieras como soy en carne, fuego y hueso.

Vivir contigo era ruleta rusa con cartucho lleno.


III

Cuando asertiva tomaba maletas,
emprendía la fuga y corría sin pensar en la distancia.
Nunca entendí que hacerme volver, 
solo era tu fobia a perder el juego,
que no eras pésimo amante, 
que sólo eres un terrible perdedor.


Nunca entendí que el amor del que hablabas, 
nunca era amor, solo es algo que torpe
dibujas según tu idea maníaca de lo que es la vida.





COLECCIÓN


I

Sobre la mesa del comedor,
un florero sostiene tu amor artificioso.
En cada pétalo, un Te quiero,
una súplica para el perdón, otra más, otra vez, 
un ruego para que mi tolerancia se prolongue
-más allá de lo posible- 
más allá de lo permitisible.

Alrededor del florero, caen pétalos secos,
cansados de sostener tu falso cariño, 
se dieron por vencidos.

Ni siquiera las flores están dispuestas a seguir tu juego.


II

No sé por qué, 
siempre paso por lo menos dos horas admirando a la muerte. 
Divertida frente a mi silencio,
absorbe los pétalos igual que yo cuando era niña.

Sentada -contemplo- la luz matutina azulada,
el agua que -a cada minuto- se torna amarillenta
como los tallos dentro del florero sin agua.

                                       -Sin agua he dicho,
oíste bien-

No es que no aprecie la belleza de las flores,
es que no puedo -no quiero- prolongar su agonía.


Prefiero que mueran rápido bajo la luz de los días,
les niego la miel mientras buscan sin éxito 
sus raíces perdidas en la tierra de la que fueron arrancadas.

Es curioso como los colores que varían del azul de la calma,
se tornan amarillos, dorados, ocre,
oxido ferroso, oscuro anochecer,  rojo sangriento,
chocolate amargo, y por último, arena gris,
piedra volcánica, tierra de tumba,
polvo de cruz podrida en medio del campo santo,
gris arena dentro de la caja donde te guardan,
para mantenerte ahí, junto con toda la culpa que les alimente la nostalgia de ti,
de la voz que callas, de la verdad que no les das, que silencias
para no abundar en la necedad de la fobia, 
del miedo a ya no ser, del terror de no ser,
de no existir, de no sentir el frío, el eco del tiempo, desgajándose,
deshojándose,
como los pétalos de las flores
con las que pretendes el olvido,
para tu histérica manera de dominio.


III

Suspiro después de contener  el veneno del día.

La ausencia de ti,
el hueco que dejas al cerrar la puerta,
                                                 me invade por completo.

Suspiro y, de mí, surge el silencio
luego, soy yo,
sólo yo,
un montón de huesos en medio de la sala,
con los pétalos secos sobre la palma,
secos  -muertos- por fin muertos,
sin prolongada agonía.

Rebeldes -como yo-
cayeron para no sostener lo falso. 

Apócrifo,
rechina a cada paso, se desprende a cada beso,
se deshace al primero de los besos,
no hay forma de repararlo,
no hay forma de que permanezca.

USE Y TIRE, USE Y TIRE
                        Recomendación: No use los residuos, 
deséchelos...

                                 Eso me pasa por no leer las instrucciones de uso.

Lo tiro en medio de la llama que alimento con los pétalos secos.
Como una loca, mi risa rompe con el silencio,
mi llanto,     abre el abismo.






FIN DE LA INOCENCIA


Perdida, miro cada recuerdo  sellado sobre mis labios.
Ahora, cántaros de miel envenenan la esperanza.

Ciega de rabia, contemplo mi ego.
Se pudre. Sórdido, apesta, se mofa.

            ¿Qué tan hondo es el vacío?

Jamás pensé que el amor fuera como lo describen amargados y descreídos:
un lago sinuoso,
una botella sin fondo
un veneno que mata lento.

Miro mi rostro.

El espejo es el único que no me compadece,
el único que no siente lastima:

Soy una hoja seca.
Crujo con cada palabra,
me rompes con cada mentira,
me rasgas.

Sádico, no te importa nada,
ni las heridas,
ni el odio en mis ojos.

Te vas con nuevos bríos,
para no aceptar que vas en círculo,
otra vez, una más,
como siempre, vas en círculo.


Eres una bestia de hábitos.
Sediento, buscas el sabor nuevo.
Amargo, se te niega,
otra vez, una más,
como siempre,
vas en círculos.





FIN DE CITA

I

¿Mendigar la pasión?
¿Mendigar tu anhelo? 
¿No ves que de a poco, a cuenta gotas,
con tus planes de fuga,
matas la lujuria?


II

Ciego vas, como si nada pasara, y en mí,
todo se derrumba, se destruye, se borra.

¿No tendría yo que deshacerme de esta ciega
forma de amarte?


III

Hierves como un volcán;
fantaseas con los balcones,
con las faldas,
con las camas de hotel.

Suspiras por los labios carmesí de la plaza;
cantas con las risas de las medusas.

Te atrapan.
 te enamoras.
Yerras y confundes pasión con lujuria.
Con fugacidad, 
te acostumbras,
mediocre, 
te justificas.

Obsesionado vienes, 
me buscas, me tomas,
te pierdes, te viertes,
multiplicas mi hastío,
me aburres.

Abrevo al tiempo,
me burlo del tiempo,
me deshago de tu peso.

Confiado por la sonoridad de mis jadeos, congelas el ansia.
Stand by, stand by, me besas,
Stand by, stand by, me asfixias,
Stand by, stand by, sueltas la lengua, 
haces promesas.

Sabemos que no cumplirás ninguna de las fantasías.

Jadeo, subo el volumen, aprieto la entrepierna,
digo mentiras y mientras te viertes
lloro en silencio.

¿No tendría el derecho de buscar nuevos amores?
¿No tendría la libertad de estallar, bajo torsos incendiados?

Los demonios de la carne bailan alrededor de mi silencio.




CERA NEGRA


Soy cera negra encapsulada,
Etiquetada con sello rojo, letras amarillas:

INÚTIL all the time
ALWAYS en fuga.

 No quiero quedar atascada entre montañas de recuerdos.


 Para no arder, contengo aliento, ahogo el fuego.

Suspiro -whispering- USELESS

Por más que hago, por más que me safo,
inevitable es...

Después de toda mi resistencia. Obseso, 
soy otro de tus fantasmas contenidos entre papiros.
Eres una bestia con hábitos, vas en círculos todo el tiempo,
giras, mientes, besas, coleccionas,
giras, mientes, suspiras,
victorioso, coleccionas.

Bestia de hábitos vas en círculos, lo disfrutas,
te alimentas del dolor, de la perdida,
como si fuera un motor,
buscas rentabilidad al hueco que sientes,
buscas y anegas,
me niegas.

No es tu culpa,
es tu naturaleza,
es  la manera en que has aprendido
que el abandono se evita partiendo primero,
evadiendo sentimientos,
evadiendo,
siempre evadiendo.

Huyes del amor,
de la ternura,
de la pureza.

Huyes y te alojas sobre la lujuria.
No crees en la pasión.

Giras y giras. Eres torbellino. 
Aceleras, presionas, arrinconas.
Sabes que tarde o temprano
te cobrará factura.

Necio, tratas de ganarle la partida:
huyes, evades, abandonas,
desertas, renuncias.

Cobarde te escudas entre mentiras,
justificas tu adicción al dolor, lo viertes en la copa, lo impregnas.

Alimentas la hoguera.

Soy la mujer en medio del fuego,
las cenizas.






HIPÓCRITA

Me acusas revanchista
            Me señalas pecadora.
Te muerdes la lengua
Aprovechas cada palabra,
para convencer a la audiencia.

Serena, te miro.
Sonrío.

Entre insolencias, 
los puños se volvieron palabras. Altisonantes 
buscaban callar mi garganta,
-te pedía calma, serenidad, paciencia-
pero tú sólo querías enterrarme bajo tu sombra,
resguardarme de nuevo, bajo tu piel,
colonizar mi albedrío.

Recuerdo que pensé:
por qué cuándo el amor se acaba
llega la violencia
el odio
la furia.

Recuerdo que pensé:
por qué los hombres
confundidos
defienden su nuevo amor 
                        con guerra.

Lloré lastimada por la violencia,
no sorprendida.

Es curioso que te sorprenda
que yo sea quien prenda la mecha,
quien detona la bomba,
quien destruye las mentiras.

Siempre busco serenidad en medio del silencio.






FUGA

I

Soñé que morías.
Te vi tirado, inerte, sombrío.

En lugar de boca,
una ligera sombra azul.

En vez de ojos,
dos monedas de cartón.

En vez de palabras,
un hermoso silencio.

Desperté sonriendo.

La luna se mecía sobre mi risa.


II

Hoy me di cuenta del tiempo
que he perdido.
Siempre he sido dispersa.

kronos no es nadie,
importa poco,
le dejo suelto,
le permito ir por ahí,
arrojado contra todo; tirano
destruye al mundo,
se come a los angustiados,
desangra el volcán lujuria,
derrumba las ruinas,
levanta polvo
se va.

Hoy Kronos me acompaña, juntos reímos,
nos pareces absurdo.


III

Caí en las redes de la melancolía,
pude ver todos los días, todas las noches, todas las horas
perdidas entre llanto, desgastadas por la rabia de mis manos.

Cuánto tiempo cuesta conocer la desolación.
Cuánto tiempo lleva sacudirse la desolación.

A veces creo imposible la huida,
            entonces charlo con el tiempo,
            planeamos la fuga.


IV


Hoy soñé que moría.
Entonces, escapé.



México